¿Emprendedores por obligación?
| Jueves 10 abril, 2014

¿Emprendedores por obligación?
Las crisis económicas abren nuevas puertas hacia el emprendedurismo, no siempre por el camino de la vocación, pero ayudan a tomar conciencia de su importancia
Una de las curiosidades que de este fenómeno se pueden observar, es que la iniciativa emprendedora además de no ser vocacional, no es percibida por quienes la ejercen. Se emprende a la fuerza y sin ser consciente del propio hecho de emprender.
Por una parte, en situaciones de crisis el miedo a contratar trabajadores y asumir costos sociales elevados, provoca que multitud de relaciones con un fundamento laboral se planteen a través de la figura del profesional externo. Con ello la empresa flexibiliza su estructura de costos pudiéndose adaptar con mucha más facilidad a lo que la actividad en cada momento demande. El resultado obtenido es que muchos profesionales van a asumir roles similares a los que voluntariamente asumen los empresarios.
Los ingresos no están asegurados, el trabajo no está asegurado y, posiblemente, si el esfuerzo es mayor, el talento aportado crece y se rinde más se cobrará/ganará más. Este paso saca de la zona de confort a muchos profesionales y pone de manifiesto su capacidad para sobreponerse a los cambios, además de ayudarle a crear su propio futuro, porque muchas veces esa condición de independiente ya no se quiere abandonar nunca.
Suena repetitivo el mensaje que escuchamos institucionalmente acerca de la importancia de incentivar las vocaciones empresariales, el discurso sobre el divorcio de la universidad, etc. Se crean innumerables iniciativas como incubadoras de empresas, fundaciones para promover el emprendedurismo y otros organismos con el objetivo de fomentar el espíritu emprendedor y el amor por la empresa. Desafortunadamente, recursos en muchos casos estériles al no contar con verdaderas vocaciones a las que la sociedad estimule más allá de ayudas oficiales y consultorías.
No obstante, las crisis ayudan a difundir la idea de que la vocación de ser empresario es una opción a la que se accede por la puerta de la libertad y que no conoce el antídoto contra el fracaso. Que no admite a vagos, a pesimistas, a los poco avezados y solo a alguno que otro soberbio y, que si alguno de estos triunfa o se sitúa como ejemplo, es más por la perversión de un sistema social al que todos pertenecemos, que fruto de un estado o condición inherente al oficio de empresario.

Alejandro Ulloa
Socio-director Cross&Grow
costarica@crossandgrow.com